
Santo Domingo, República Dominicana. — La decisión de Abel Martínez de solicitar formalmente que su nombre no sea incluido en el listado de aspirantes presidenciales del Partido de la Liberación Dominicana ha generado un nuevo reacomodo en el panorama interno de esa organización, abriendo mayores posibilidades para el excandidato presidencial Gonzalo Castillo con miras al proceso electoral de 2028.
El retiro del exalcalde de Santiago del proceso interno modifica la correlación de fuerzas dentro del partido, lo que, según dirigentes y analistas políticos, podría favorecer a figuras con estructuras partidarias activas y presencia consolidada en los organismos de dirección.
En ese contexto, sectores peledeístas señalan que Castillo mantiene una plataforma política organizada, vínculos con liderazgos territoriales y experiencia en campañas electorales recientes, elementos que cobran mayor relevancia ante la reducción de aspirantes en la contienda interna.
Dirigentes consultados consideran que la salida de Martínez contribuye a disminuir la dispersión del voto interno en determinados segmentos del partido, lo que podría facilitar una eventual concentración de apoyos en torno a otras figuras con capacidad de movilización.
La asamblea del Comité Central convocada para el 22 de febrero será determinante para la presentación del listado oficial de aspirantes presidenciales y marcará el inicio de una etapa de reorganización institucional y estratégica de la organización política.
El escenario interno del Partido de la Liberación Dominicana se desarrolla en medio de debates sobre métodos de selección de candidaturas, fortalecimiento orgánico y redefinición del liderazgo con el objetivo de consolidarse como principal fuerza opositora de cara a los próximos ciclos electorales.
Hasta el momento, la dirección del partido no ha emitido una posición oficial sobre el impacto político del retiro de Martínez ni sobre posibles reconfiguraciones en el mapa de aspiraciones presidenciales.
No obstante, el nuevo contexto abre paso a un proceso interno con menor fragmentación entre corrientes, lo que podría incidir en la definición de liderazgos y en la articulación de una estrategia electoral unificada con miras al año 2028.